Apuntes para el XX Congreso del PCE

Apuntes para el XX Congreso del PCE

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Jovi Langa El XIX Congreso del PCE tuvo lugar en 2013, nos hallábamos en un periodo de movilización de la clase obrera contra los efectos de la crisis...

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Jovi Langa

El XIX Congreso del PCE tuvo lugar en 2013, nos hallábamos en un periodo de movilización de la clase obrera contra los efectos de la crisis. Cuando nos reuníamos para aprobar nuestros documentos eramos llamados a reforzar los piquetes de la huelga del servicio de recogida de basuras de Madrid, sirva éste ejemplo como muestra de cual era el papel que desarrollaba el partido en aquel momento concreto. Pese a la debilidad del partido en las últimas décadas, los militantes del PCE dieron lo mejor de ellos mismos por activar las diferentes luchas dando lugar a la mayor oleada de protestas desde la transición. Como consecuencia se obtuvieron en las elecciones europeas unos resultados más que dignos para IU, que multiplicaba su apoyo en votos lo que se traducía en multiplicar también su representación en el parlamento europeo. Algo grave debió ocurrir para que a día de hoy no sea IU, la fuerza electoral en la que se incluye el PCE, la que capitalice el descontento de una sociedad saqueada por las medidas impuestas por la Troika, quien lejos de dar salida a la crisis para la clase obrera, lo que asegura es que se mantenga la ganancia del gran capital.

OCDE, FMI y otros organismos capitalistas pronosticaban para ese periodo graves disturbios sociales. Disturbios sociales que pese a que los atendimos desde la debilidad, que veníamos arrastrando décadas, íbamos capitalizando y reforzando nuestra posición ante la sociedad. Pero desde 2013 las movilizaciones se atomizaron. La causa de su atomización fue la falta de un referente político. El PCE que estuvo a la altura en diferentes huelgas generales y otras movilizaciones cuyo resultado positivo se podía leer en los resultados de las elecciones europeas, hizo mal todos los análisis. En primer lugar se instaló en la organización una lectura negativa de esos resultados aunque resulte increíble. La irrupción de Podemos cegó del todo a nuestra dirección política y desde ese momento mantuvieron ocupado su tiempo y el de la organización entera buscando una confluencia que nunca se produjo y que condujo, a consecuencia de éstas maniobras, a la organización a la irrelevancia política. En las ciudades en las que se consiguió confluir se obtuvo un buen resultado, a costa de disolver la presencia pública del PCE e IU, lo que a la postre ponía las condiciones para fracasos posteriores, como así fue, al estar inmersos en un largo ciclo electoral que empezó en las europeas en 2014 y que continuaba  con municipales, autonómicas y generales en el año siguiente. No se supo leer la naturaleza política de Podemos que junto a la posterior recreación del proyecto de Ciudadanos venían a salvar no el régimen del 78, como erróneamente nos referimos a un largo periodo, sino al del 81, luego explicaremos éstas razones. El sistema, que no régimen, respondió a un reto del que ya advertían sus grandes organismos y el reflujo de las movilizaciones se saldó con la atomización de las mismas. La aparición de los emergentes fundamentalmente Podemos, con un apoyo mediático nunca visto y nuestra caída libre fueron todo uno. Esto no se supo ver y al necesario debate  político, formación y organización para continuar luchando, se le fue restando horas de militancia para dedicarlas a unas confluencias inútiles, que no sólo no han dado resultado sino que nos han sacado del conflicto.

Que hacer después de ésto? Corregir la percepción de lo ocurrido urgentemente. Nos referimos sucesivamente al régimen del 78 como aquel que instala un sistema bipartidista que se basa en sofocar las aspiraciones democráticas de la clase obrera, que acomete reformas que conducen al neoliberalismo a través de la integración en la UE y en el euro y que exige que el PCE se sitúe en el ostracismo político, a las grandes fuerzas sindicales les asigna el papel de gestores sociales del sistema. Podemos pues ahora sugerir que esta visión es equivocada y que es injusta con el esfuerzo que hizo la sociedad española para salir de un régimen dictatorial. Más injusta todavía con los militantes de éste partido que fueron quienes pusieron el pellejo. Si bien el resultado implicó cargar con la monarquía y una ley electoral excluyente, también podemos atribuir a esta generación cuyo partido, el PCE, (fue El Partido en singular, una fuerza organizada que ya la hubiéramos querido nosotros ahora en cualquiera de nuestros inventos), fue el responsable de los art. 128 y siguientes, de la carga social de aquella constitución, de asentar un régimen de libertades que se necesitaba urgentemente en aquellos momentos, de abrir la posibilidad de realizar una lucha legal. Pero ciertamente ocurrieron acontecimientos que nos fueron llevando al desastre de 2008, por ello se propone acotar éste periodo de tiempo bajo el epígrafe del régimen del 81. ¿Porqué? Tres grandes acontecimientos sentarían las bases del bipartidismo, de lo que primero se llamó el desencanto y tiene su cenit cuando se produce la mayor violación sufrida por la Constitución de 1978, en 2010 con la modificación del art. 135, que somete a la democracia española al pago de sus deudas por encima de cualquiera de sus obligaciones como estado:

1.- Golpe de estado 23F. A pesar de su aparente fracaso, aborta la iniciativa de lucha de la clase obrera procedente de la transición. Encarnando el peor de sus miedos, una reacción de carácter fascista. Recordemos que ésta generación tenia cercanos los acontecimientos de Chile, Argentina, etc. El 23F asienta en el imaginario político de la época a la monarquía como garante de la democracia, por la “actuación del rey” quien gana una popularidad que hasta ese momento no tenia. ¿A quien beneficia el “fracaso” del golpe? La moderación que necesitaba el sistema  estaba servida. No es extraño pues que con el tiempo nos vayamos encontrando sucesivas pruebas de que el golpe no fue organizado solamente por el búnquer franquista, sino que tenia sorprendentes ramificaciones entre los que se aprovecharon de su fracaso.

2.- La materialización electoral de esa moderación en la izquierda se produjo en las elecciones de 1982. Los deseos de cambio se concentraron en las urnas buscando un referente que no fuera tan arriesgado y combativo como el PCE. Las urnas manifestaban deseos de cambio y a la vez miedo a opciones que representaban una amenaza para el sistema. El 23 F de nuevo dejaría claro que el sistema era capaz de actuar violentamente contra sus mayores desafíos.

3.- Lanzamiento del PCE al ostracismo político. El efecto arrollador sobre la izquierda de la opción socialista y el primer producto de nuestra ley electoral borraron del mapa representativo a la fuerza que mas se sacrificó en favor de la democracia y que contenía en su seno los cuadros organizativos capaces de organizar sindicatos y de llevar adelante luchas en las mas adversas de las circunstancias. Con todo puede que muchos de ellos no estuvieron preparados para la desmoralización, que opera hasta día de hoy para sofocar las aspiraciones de la clase obrera.

Sabemos cuando empieza éste ciclo político iniciado en 1981-82 damos por sabido cuáles fueron sus efectos: reconstrucción de la derecha en torno al proyecto del PP, bipartidismo dominante, pensamiento único, con una socialdemocracia que ha costado mucho desenmascarar, construcción europea, moneda única, privatizaciones, debilitamiento progresivo de los servicios públicos. Hay que añadir que el papel de los sindicatos mayoritarios a falta de un gran referente político de la clase obrera, que hubiera tenido que ser el PCE, fue su implicación en los grandes procesos legislativos que asentaron en esos años el modelo de relaciones laborales de nuestro país. No es extraño encontrar en ésta fase posiciones sindicales, sobretodo de sus cúpulas, en los que el lenguaje de sus dirigentes asemeja más al de un ministro que al de un dirigente obrero, sindicatos que a la vez que crecían en influencia se burocratizan. También cabe destacar que durante éste periodo se asienta un crecimiento de la productividad del trabajo debido al desarrollo tecnológico. Incremento de la productividad que no repercute en una mejora del reparto de la renta a favor del trabajo como ocurre en etapas anteriores, sino a favor del capital lo que va edificando los pilares del  trabajo precario y el paro que irá creciendo hasta límites insostenibles en actualidad. Mientras tanto el PCE intentó unir aquello que se situara a la izquierda del PSOE, en un movimiento político complejo como es IU. Al principio pareció lograr éste objetivo a costa de su propia personalidad política, sobretodo en el imaginario electoral, que es fundamental para que la sociedad visualice la existencia de una alternativa política. Pero pronto se inició una crisis constante. Cuando se desgaja de IU la Nueva Izquierda estamos ante el inicio de un efecto que se repetirá. No vamos a entrar en juzgar si eran mas o menos traidores, estos impulsos son legítimos en la experiencia personal de cada militante pero no sirven para explicar como se reproduce el efecto. Cada vez que el PCE se presenta como fuerza organizada en el seno de IU e intenta imponer su “hegemonía” otras fracciones del proyecto lo identifican como una amenaza y se desgajan buscando encaje en otros proyectos políticos. IU entra en un proceso en el que más que unir se dividen proyectos. Cabe añadir que IU ayudó mucho en éste periodo a aliviar los complejos derivados de la desaparición del socialismo soviético. Mientras desapareció por ejemplo el PCI, el PCE pudo mejorar sus resultados desde la coraza de IU. El partido no desapareció pero se subsumió a si mismo en una segunda clandestinidad autoimpuesta.

Para terminar de definir el ciclo de 1981 describiremos su final, sus consecuencias, y desde ellas veremos como nos podemos organizar para hacer frente a la nueva fase en la que hemos entrado. El ciclo político de 1981 se erosiona con la crisis de 2008. La respuesta social de las clases populares deja al descubierto el engaño del bipartidismo. Una fuerza política, IU, que siempre lo denunció, empieza a mejorar sus expectativas y a volcarse en el conflicto social, el PCE con ella. Se mejoraron unas expectativas que se manifiestan en el resultado de las elecciones europeas. Para entonces se empiezan a ver las distintas reacciones del sistema:

 

1.- La monarquía: en primer lugar cabe señalar que durante el proceso de la crisis, cuando las dificultades económicas ponen al descubierto las desigualdades de nuestra sociedad, el accidente padecido por el jefe de estado en Botswana pone al descubierto los privilegios de la monarquía. La lectura que se hace de lo sucedido es que mientras los españoles están en el paro y desahuciados su jefe de estado, símbolo supremo de la España del 81, se dedica a ir de cacería como si de una monarquía feudal se tratara. Aunque el comportamiento del monarca es el de siempre, la visión de la sociedad acerca de la utilidad de la monarquía cambia, generándose un clima propicio a los planteamientos republicanos. Los casos de corrupción relacionados con miembros de la familia real favorecen este estado de opinión. El sistema y la propia institución monárquica reaccionan llevando a cabo la abdicación de Juan Carlos, con la finalidad de regenerar la monarquía y sentar sobre la base del reinado de Felipe VI una nueva etapa de dominio capitalista.

 

2.-El bipartidismo: como venimos diciendo el bipartidismo se queda al descubierto y esto repercute positivamente sobre las expectativas de la única fuerza, IU, que desde hacia décadas denunciaba que la alternancia de gobiernos entre PSOE y PP conducía a la misma política. El final de la legislatura de Zapatero con la modificación del art. 135 de la constitución, la reforma laboral y el inicio del paquete de recortes, marca el precedente sobre el que se asentará la política social y económica de Rajoy, que se entenderá como continuación. El estado de opinión pública empezará cada vez mas a situarlos en las mismas políticas regresivas socialmente. La reacción operada por el sistema en este plano consiste en organizar un cambio gatopardiano, que todo cambie para que no cambie nada, a fin de establecer a la sociedad en una situación de un paro insostenible y una precariedad enorme sobre la base de la cual resulta imposible realizar el proyecto de vida de amplias masas trabajadoras. El cambio al que nos referimos es operado desde los medios de comunicación de masas. Medios que son en su totalidad propiedad de grandes empresas multinacionales de la comunicación se ponen manos a la obra para conducir a la opinión publica en el proceso. El debate político se convierte desde entonces en el protagonista de los horarios de mayor audiencia, llegando a desplazar a la prensa rosa en esos horarios. Lo que se pretendía hacer con los programas rosas y otros de distracción, era adormecer conciencias. Ahora a través del debate político se pretende dirigir conciencias. Ambos aspectos son muestras de la adaptación a cada ciclo de los medios de reproducción de la ideología. Sobre la base de la creación de caudillos televisivos se funda Podemos, que tiene la tarea de movilizar la opinión de aquellos y aquellas que están en desacuerdo con las medidas que toma el sistema para gestionar la crisis. Se forja sobre un lenguaje ambiguo, pensado para confundir y no dejar llegar el análisis de la izquierda clásica a las masas de espectadores. Desde el punto de vista organizativo es una fuerza que reniega de la base militante. Una estrecha cúpula de personas deciden y dirigen la opinión de millones de personas. Su objetivo claro es alejar a las masas de la movilización social y de la estructura organizativa del PCE e IU. Un partido que no se basa en la estructura militante, que maneja los medios, que recibe su apoyo directo. Un partido de espectadores que no deciden, que reciben un mensaje unidireccional y que a través del apoyo mediático hace ver que es la única alternativa de cambio. No es extraño pues que durante ese proceso las masas fueran abandonando la lucha callejera y fueran progresivamente depositando sus esperanzas de cambio en una fuerza de nuevo tipo. Primer objetivo cumplido para el sistema, aliviar la presión social y vehicular los votos hacia una fuerza en la que quienes deciden son pocos, fáciles de controlar y con una gran deuda hacia los medios de comunicación de su propiedad. Además una fuerza sin cuadros medios que estén dispuestos a elevar los conflictos de plano y ser exigentes con sus dirigentes para que cumplan con las expectativas que crean. En este espacio político pretende el sistema se depositen los votos descontentos con la trayectoria del PSOE, haciendo un potente cortafuego para que no pasen hacia IU-PCE. En base al éxito de éste ejemplo en poco tiempo se prepara la misma operación hacia la derecha, reciclando el fenómeno de Ciudadanos, que tiene muchas similitudes organizativas con Podemos y que puede servir para capitalizar la pérdida que coseche un PP que se esta quemando en el poder imponiendo medidas regresivas a toda velocidad. El cambio se ha producido ya. El bipartidismo se ha consolidado con éste cambio gatopardiano. Podemos y Ciudadanos son verdaderos vasos comunicantes del electorado perdido por PP y PSOE para que al final perdure lo verdaderamente valioso para el sistema: el pensamiento único. Podemos presenta similitudes con el discurso del cambio del PSOE del 82. Aún no podemos juzgar su acción en gobiernos como si lo podemos hacer con el PSOE.  Demosle el beneficio de la duda o adelantemonos observando la trayectoria de Syriza en Grecia. Salvando las distancias éste podría ser el ejemplo del modelo de operación política al que nos referimos.

 

3.-Situación organizativa y política del PCE e IU: en IU y PCE se cayó pronto en la trampa y nos fuimos enfrentando entorno a planteamientos que no tenían una base real de los acontecimientos ocurridos. Se hizo una lectura negativa de los resultados en las elecciones europeas, lo que era falso, incluso entramos en un discurso que parecía plantear que los resultados de Podemos fueron mejores que los nuestros en ésta campaña. Se consideró erróneamente que no supimos canalizar el descontento con la crisis, lo que es falso, otorgándole a la nueva fuerza esa facultad cuando durante los mayores conflictos de la crisis ni siquiera existía. Se interrumpió el lento proceso de acumulación de fuerzas y de consolidación organizativa y bajo planteamientos de urgencia se cuestionó nuestro papel en la política y la legitimidad democrática de nuestras decisiones. Bajo las urgencias tipo “ahora o nunca” se minaron los órganos de dirección, se violaron acuerdos. Se construyó la idea de que nuestra organización vetusta estaba anquilosada y no servía para dar respuesta a lo que pasaba en la sociedad. Éste órdago interno de quienes progresivamente iban desertando y siendo reclutados por otra fuerza política, terminó siendo una predicción cumplida a si misma. En lugar de resolver las contradicciones que arrastraba nuestra organización desde hacia décadas, se nos ofrecía solamente la salida hacia delante, buscando confluir con aquello que siempre se negó a hacerlo y de lo cual nunca analizamos cual era su naturaleza y el papel político que había venido a jugar. Nuestra falta de capacidad de reacción, nuestros análisis pobres, nuestras prisas y la abertura de las heridas de siempre en un nuevo tiempo, nos llevaban donde nos querían, al lugar donde nos pusieron en 1982.

 

4.-El papel de la corrupción como depuración regeneradora: cabe hacer en todo éste proceso una lectura política de la abundancia de casos de corrupción que han pasado por los juzgados en éstos tiempos, a lo que se suma la proyección mediática que han tenido los mismos. Podemos sostener que se han juzgado delitos cometidos durante todo el período que se cierra a excepción de aquellos que se destaparon en los noventa alrededor del gobierno del PSOE de entonces. Es bueno que se destapen tramas criminales en cualquier momento. Pero ahora llama la atención cómo  lo  político ha invadido el terreno de lo judicial para causar un efecto concreto sobre quienes más se ha cebado la crisis. Se intenta asentar el modelo sobre algo nuevo soltando lastre sobre lo viejo. El sistema capitalista se depura en todas sus crisis. Con el proceso de la corrupción generada en el periodo anterior, el capitalismo se depura buscando una imagen regenerada. Consigue también alejar de la política a unas masas que tienden a ver la política como algo corrupto, no como aquello que se debe cultivar para mantener y respetar decisiones democráticas. La corrupción sirve para alejar a las masas del compromiso político, hace de cortina de humo ante los problemas económicos y sociales, busca un chivo expiatorio en el que vaciar la rabia causada por los efectos de la crisis, para que la masas se queden quietas frente al televisor tratando de resolver este estado de excepción a través del voto. Marco ideal para situar a los emergentes en posición de salida. La corrupción juega un papel político de depuración, de regeneración, papel que no debemos obviar frente a la que nos viene encima por muy de acuerdo que estemos en que quien la haga que la pague.

5.-Cataluña: desde el siglo XIX Cataluña defiende con distintas intensidades una posición particular respecto a España. Muchas son las vicisitudes que ha pasado ésta nacionalidad a lo largo de la historia. Pero no es casualidad la deriva independentista que se ha tomado desde el estallido de la crisis. Las fuerzas independentistas como ERC y CUP siempre han mantenido ésta posición y no es extraño que la actual deriva les resulte beneficiosa políticamente por coherencia. El hecho diferencial que encontramos en éste proceso es el comportamiento de Convergència, que ha llegado hasta a romper CIU en el camino. Durante el largo ciclo que cerramos (81) CIU ha sostenido gobiernos de ambos partidos del bipartidismo, ha sido hegemónica en la Generalitat, ha estado en la oposición cuando ERC formó gobierno con PSC. Desde el estallido de la crisis las dificultades económicas se han manifestado en Cataluña con dureza. El gobierno de CIU fue implacable en la imposición de medidas neoliberales. Fue la disputa por los medios estatales para hacer frente a las dificultades económicas lo que enfrentó en un camino sin retorno a CIU con el estado. CIU recrudece sus aspiraciones independentistas como órdago al estado para conseguir más medios. El independentismo catalán y su contrario nacionalismo español representado por el PP, se ven favorecidos alimentando éste conflicto, se encuentran cómodos en éstas reivindicaciones que distraen a la clase trabajadora catalana de sus prioridades económicas, mostrándoles quizá la independencia como medio político de resolver éstos problemas. Cabe pues hacer una lectura política sobre la independencia de Cataluña que vaya más allá de los sentimientos nacionales según la cual el sistema también se ve beneficiado de manera bidireccional, en Cataluña y en el resto de España.

 

Por tanto no nos encontramos frente a un cambio sino que estamos frente a las primeras consecuencias de un cambio consumado. Debemos situar el debate en como defender los intereses de la clase obrera desde una perspectiva socialista. Nuestro mayor reto no esta en como confluir con otros desde la debilidad, sino que radica en hacer fuerte una opción de clase obrera que cobre protagonismo en la sociedad y pueda mediante los procedimientos tácticos que se consideren en su momento favorecer los intereses de la clase trabajadora. Nuestra primera tarea como obreros es conocer el origen de nuestros problemas: paro, precariedad, etc. Identificadas éstas cuestiones debemos organizar una respuesta que pasa por la militancia, somos las masas las que tenemos que tomar las decisiones y no personajes endiosados que no nos oyen. Deberemos reforzar el sindicalismo como frente más inmediato en la confrontación capital-trabajo. Y a la vez tendremos que articular un partido político que enfrente las relaciones sociales capitalistas que no solo afectan a los asalariados sino a la mayoría de la sociedad. En función de como vaya reforzándose la representatividad de la opción obrera nos vamos a tener que organizar con otros segmentos sociales que deberán en esa fase manifestarse públicamente mediante organizaciones políticas propias si es que desean influir en política. Es en ese marco en el que deberemos plantearnos pactos puntuales hacia objetivos comunes. Hasta entonces el PCE debe esforzarse por convencer a la clase obrera de que la salida a sus dificultades se encuentra en la construcción del socialismo, en la superación del capitalismo.

En síntesis, ante la la evidencia de que el sistema ha generado el marco sobre el que estabilizar una sociedad de excluidos, con un paro enorme y una precariedad galopante, ante el establecimiento de un modelo político pensado para institucionalizar el estancamiento económico, debamos pensar que papel político debe jugar la clase trabajadora para resolver sus dificultades. Hace falta que la clase obrera sea protagonista de su lucha. Fortalecer un sindicalismo que, a consecuencia del cambio en la negociación colectiva, va ser un sindicalismo de lucha empresa por empresa, donde el papel jugado por las cúpulas sindicales va a ser cada vez menos relevante. Y estas luchas en cada centro de trabajo, unidas a la protesta de quienes no tienen medios para trabajar y vivir, deberá tener una organización política propia, que recoja el malestar y recree la lucha como lucha contra el sistema. Para ello esa fuerza política necesitará elementos de análisis acerca de cuales son las causas de lo le pasa a la clase obrera, que tenga además capacidad política de articular una alternativa socialista al sistema. Un fuerza profundamente democrática, que sea la herramienta de las masas, en donde participen y decidan, en donde sean exigentes a sus dirigentes y les orienten. Para ello tendrá que ser una fuerza sintética, capaz de ser dirigida por trabajadores y trabajadoras sometidas a 8, 10 o 12 horas de jornada, o a la desesperación del desempleo. Organización simple, sin demasiados andamiajes burocráticos que le dispute al descanso, al sofá y a la televisión la acción política de la clase obrera. Por tanto ésta fuerza debe ser rápida, eficaz, útil, democrática y marxista. El PCE tiene condiciones para convertirse en esa fuerza. Sólo el PCE puede convertirse en esa fuerza. El PCE debe convertirse en esa fuerza.

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